lunes, 30 de junio de 2014

Nebraska

Hoy he visto la película Nebraska en familia y me ha gustado. Me parece que ha sido bastante interesante y con mensaje acorde con los momentos que me tocan vivir actualmente: sentido de la vida, el valor del dinero y la familia. Eso sí, con mucho sabor Yankee.

Así es, se revuelven de nuevo los demonios de buscar un objetivo que perseguir, de tomar decisiones, de valorarse a uno mismo y su trabajo y de tener que atender las necesidades de aquellos que más te quieren. Nada que no le pase a nadie normalmente (excepto los que tienen la vida asegurada, aunque imagino que ellos tendrán otros problemas). De todos modos, no es una cuestión de quejarse, ya que, haciendo un poco de examen de conciencia, yo no debería hacerlo (precisamente por la suerte que tengo de tener la familia que tengo).

Os pongo un poco en situación. Estos días han sido intensos con ajetreo en el trabajo. Con ansias de saber más del futuro, para poder organizarme y tener una cierta “seguridad” quimérica. Surgen momentos en los que hay que decidir y uno no sabe si los pálpitos que le dan son fruto del acobardamiento o bien del verdadero olfato objetivo de las cosas. Siento que algunas veces me he engañado a mi mismo con algunas de ellas. Aunque está claro que es sólo una sensación… Debo estar lo suficientemente mal como para no darme cuenta si realmente fueron o no así. Sin embargo, poco importa eso. Hay que cambiar, mirar al futuro, sacar pecho y seguir adelante. En los juegos, las decisiones son lo que los hacen divertidos paradójicamente. No tenemos suficiente con tener que decidir en la vida real, si no que nos gusta el confort de la simulación seguro de situaciones en las que hay que tomar decisiones para ganar. Puede que venga impregnado de un carácter competitivo primitivo de obtener la supervivencia y de paso machacar al otro por el camino (si es Francés mejor, con mucho respeto, pero algo debieron de hacerles a mis antepasados para que mi ADN conserve algo de rencor hacia ellos [sobretodo porque casi no he conocido a muchos de ellos y el tener ese sentimiento que surge de “no sé dónde” no me parece ni correcto ni agradable). El caso es que, me ha tenido muchas noches en vela ese agarrón de entrañas que se siente fruto de los nervios y la incertidumbre.

Pero no todo ha sido malos momentos. Marchar a Desafío Wargames y poder disfrutar de la compañía de otros desarrolladores que te presentan con ilusión sus proyectos y te impregnan de ese positivismo… No puede ser nada más que una experiencia buena y agradable. Me fui apenado por no poder dejarme más dinero por los ratos que pasamos entre ellos. Me dolió también el hecho de enterarme que algunos puestos se marcharon perdiendo dinero, no ya por las empresas, si no por las personas que me presentaron y con las que casi no tuve relación ni contacto. Pero bueno, la vida es así, no dispongo de todo el dinero que me gustaría para recompensar todo el esfuerzo de todo el mundo. Ya me gustaría… Y sobretodo el tenerlo y no haberme convertido en un gilipollas avaro y rancio.


Al final como resumen me viene a la cabeza la típica reflexión de si el dinero da la felicidad o no. De si al menos ayuda a tenerla. De tener una visión y querer alcanzarla y que las circunstancias, las malas decisiones o la gente que te rodea perjudique u obstaculice alcanzarlas. De si dar tantas vueltas a las cosas es realmente bueno. Trabajo da dinero, el dinero te sirve para vivir y para tener ocio. El ocio te hace más llevadero el día a día y alimenta la alegría. Está claro que todo eso hay que edulcorarlo con una buena ración de mirar con las gafas de ver las cosas “para bien” y jubilar las de “para mal” en algún cajón cercano (para no perderlas, que blasfemar en arameo con esas lentes puestas siempre viene bien y ensalza el alma).