Hoy he visto la película Nebraska en familia y me ha
gustado. Me parece que ha sido bastante interesante y con mensaje acorde con
los momentos que me tocan vivir actualmente: sentido de la vida, el valor del
dinero y la familia. Eso sí, con mucho sabor Yankee.
Así es, se revuelven de nuevo los demonios de buscar un
objetivo que perseguir, de tomar decisiones, de valorarse a uno mismo y su
trabajo y de tener que atender las necesidades de aquellos que más te quieren.
Nada que no le pase a nadie normalmente (excepto los que tienen la vida
asegurada, aunque imagino que ellos tendrán otros problemas). De todos modos,
no es una cuestión de quejarse, ya que, haciendo un poco de examen de
conciencia, yo no debería hacerlo (precisamente por la suerte que tengo de tener
la familia que tengo).
Os pongo un poco en situación. Estos días han sido intensos
con ajetreo en el trabajo. Con ansias de saber más del futuro, para poder
organizarme y tener una cierta “seguridad” quimérica. Surgen momentos en los
que hay que decidir y uno no sabe si los pálpitos que le dan son fruto del
acobardamiento o bien del verdadero olfato objetivo de las cosas. Siento que
algunas veces me he engañado a mi mismo con algunas de ellas. Aunque está claro
que es sólo una sensación… Debo estar lo suficientemente mal como para no darme
cuenta si realmente fueron o no así. Sin embargo, poco importa eso. Hay que
cambiar, mirar al futuro, sacar pecho y seguir adelante. En los juegos, las
decisiones son lo que los hacen divertidos paradójicamente. No tenemos
suficiente con tener que decidir en la vida real, si no que nos gusta el confort
de la simulación seguro de situaciones en las que hay que tomar decisiones para
ganar. Puede que venga impregnado de un carácter competitivo primitivo de
obtener la supervivencia y de paso machacar al otro por el camino (si es
Francés mejor, con mucho respeto, pero algo debieron de hacerles a mis
antepasados para que mi ADN conserve algo de rencor hacia ellos [sobretodo
porque casi no he conocido a muchos de ellos y el tener ese sentimiento que
surge de “no sé dónde” no me parece ni correcto ni agradable). El caso es que,
me ha tenido muchas noches en vela ese agarrón de entrañas que se siente fruto
de los nervios y la incertidumbre.
Pero no todo ha sido malos momentos. Marchar a Desafío
Wargames y poder disfrutar de la compañía de otros desarrolladores que te
presentan con ilusión sus proyectos y te impregnan de ese positivismo… No puede
ser nada más que una experiencia buena y agradable. Me fui apenado por no poder
dejarme más dinero por los ratos que pasamos entre ellos. Me dolió también el
hecho de enterarme que algunos puestos se marcharon perdiendo dinero, no ya por
las empresas, si no por las personas que me presentaron y con las que casi no
tuve relación ni contacto. Pero bueno, la vida es así, no dispongo de todo el
dinero que me gustaría para recompensar todo el esfuerzo de todo el mundo. Ya
me gustaría… Y sobretodo el tenerlo y no haberme convertido en un gilipollas
avaro y rancio.
Al final como resumen me viene a la cabeza la típica
reflexión de si el dinero da la felicidad o no. De si al menos ayuda a tenerla.
De tener una visión y querer alcanzarla y que las circunstancias, las malas
decisiones o la gente que te rodea perjudique u obstaculice alcanzarlas. De si
dar tantas vueltas a las cosas es realmente bueno. Trabajo da dinero, el dinero
te sirve para vivir y para tener ocio. El ocio te hace más llevadero el día a
día y alimenta la alegría. Está claro que todo eso hay que edulcorarlo con una
buena ración de mirar con las gafas de ver las cosas “para bien” y jubilar las
de “para mal” en algún cajón cercano (para no perderlas, que blasfemar en
arameo con esas lentes puestas siempre viene bien y ensalza el alma).