Lo cierto es que desde hace un tiempo que ando más quemado que la moto de un hippie y tenía ganas de crear un cajón desastre donde poder blasfemar y arrojar todo tipo de palabrería sin sentido que me hiciese perder algo de tiempo y de ese modo no pensar tanto en el día a día, el futuro y el pasado.
Así que me he puesto manos a la obra y he tratado de comerme la cabeza para saber cómo poder llamar a este espacio íntimo y desenfadado para poder hacer lo que me venga en gana. La solución surgió más rápido de lo que preveía: La bodega. Hace ya un tiempo, mi buen amigo aeronáutico M (sí, no esperéis nombres propios porque no me sale de los huevos difundir ningún tipo de información acerca de escrotos ajenos), llegó a la gran conclusión de que, este cuarto, más lleno de trastos que de vino, había servido de cobijo durante muchos años a multitud de personas que queríamos soñar o al menos disfrutar de buena compañía en un lugar tranquilo. Además, creo que he pasado la mayor parte de mi vida metido allí dentro (algunos pensaban que llevaba un negocio irregular por eso mismo). Videojuegos, cumpleaños, partidas de rol, de juegos de mesa, wargames, mujeres (si, bueno, la pequeña bodega ha visto mujeres también)... Incluso en algún momento creí que habitaba un vampiro (de eso hace ya mucho tiempo, espero).
Como veis, está claro que era necesario crear un pequeño homenaje a la misma. Además, como ya he dicho, es un lugar donde se almacena el polvo, las escolopendras en verano, viejas minis y muchas, muchas historias. Ahora dejaré abandonadas entradas para que críen polvo y siga el ciclo de las cosas y seres que allí habitan.
¡Un saludo! y espero que disfrutéis de la visita.